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Peregrinando por un vitral

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Lo más bonito es contemplar el alma humana en cuanto criatura en que Dios va formando, con variados aspectos, una imagen de Él dentro de la colección casi incontable de los hombres.

Imaginemos un vitral. Si quieren en forma circular, es decir, un rosetón. Un mundo de colores diferentes.

Un mundo dentro del cual se puede decir que podriamos pasear: podemos “entrar” en el cielo color de añil, o en el dorado absoluto, después en el verde total o en el rojo más encarnado. Los ojos “entran” en varios pedacitos de cielo, miran aquí y miran allá.

Despues de un tiempo de contempalción, derepente, surge la mayor alegría: la visión del conjunto. Y pasados unos minutos ya no soy yo el que está mirando al rosetón, sino que es él quien como que me ve. Una inmensa mirada de “alguien” que contiene todos los estados de espíritu correlativos con aquellos colores diversos y que en su conjunto me analiza.

Analiza en tal o cual aspecto de mi psicología, pero a mí como un todo, compuesto de proporciones desiguales e irrepetibles. Nunca hubo antes, ni habrá después, un otro igual a cada uno de nosotros.

Si yo miro a mi alrededor y veo a otras personas contemplando también el vitral, noto cómo son diferentes de mí y para cada una de ellas el vitral expresa cosas diferentes. Percibo la variedad inagotable de interpretaciones que el alma humana, mirando el rosetón, puede establecer, al punto de sentirse comprendida por él.

Siempre me gusto ver fotografías de vitrales medievales. Aquellos que retratan aspectos aislados de ellos no dan, en mi opinión, lo mejor del vitral. Lo mejor es cuando el rosetón entero proyecta su luz hacia nosotros. ¿Por qué? A causa de la propia naturaleza del alma humana. Somos tales que podemos tener lindos aspectos de alma. Sin embargo, lo más bello no es ninguno de ellos.

Lo más bonito es contemplar el alma humana en cuanto criatura en que Dios va formando, con variados aspectos, una imagen de Él dentro de la colección casi incontable de los hombres. Desde el primer hombre hasta el último, cada uno ocupa un lugar sin el cual la colección quedaría incompleta. Como un vitral que recibió una pedrada y en ese punto deja un orificio.

Así, analizando a cada hombre en su conjunto, notamos una porción de elementos individualmente lindos; pero lo más bello es, si cada uno se santificara, observar en el conjunto la plenitud de su personalidad. 

¿Cual será el "color" mas lindo del "vitral" mas excelso que Dios creo?, ¿Será su "si" en la encarnación del Verbo?, ¿Será su bondad al interceder por los novios en las bodas de Caná?, ¿Será su dolor al entregar a su Divino Hijo en el "altar" de la cruz?, o... ¿Será su fe en la resurreción cuando todos huyeron? Podemos decir que cada uno es maravilloso, pero que nos encantamos mas al decir que en su conjunto Ella, es la obra prima de la creación; o como dijó el gran San Luis María Grignon de Montfort: El paraíso que Dios se creo para si.

Pidamos a María Santísima, "vitral" en el cual nuestras almas se regozijan, que limpie, embellezca y recomponga, cada aspecto de nosotros que no refleje en su plenitud a Dios e imprima los "colores" que mas nos asemejen a Ella y a su Divino Hijo.

Plinio Correa de Oliveira

 

 

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