julio 2017

El Cruzado de la Luz

En su libro más reciente, el fundador de los Heraldos desvela una visión inédita del esposo de la Santísima Virgen y muestra la altísima misión que le corresponde en la implantación del Reino de María.

Heraldos del Evangelio

¿Heraldos del Evangelio?… ¿Y ese hábito?

¿Quiénes son los Heraldos del Evangelio? ¿Por qué ese hábito? ¿Por qué esa cruz y esas botas? Al salir a la calle, los Heraldos del Evangelio habitualmente oyen la pregunta «¿Quiénes son ustedes?

Un océano de misericordias

Si contemplamos con ojos de fe los bellos episodios ocurridos en ese remoto rincón del mundo, veremos definirse con claridad un aspecto de la devoción mariana, al mismo tiempo maravilloso y conmovedor.

¿Somos adictos digitales?

En la segunda mitad del siglo pasado, hemos vivido la manifestación del que llegó a ser llamado: “rey” de la familia. Su presencia le quitó protagonismo a quien era el centro del convivio: el padre, el auténtico rey de la familia.

Saborear ya en la tierra las cosas del Cielo

¿Qué sería del alma católica si formara parte de una Iglesia carente de liturgia? Es a través de la pompa de los ritos sagrados por donde la voz de la gracia se hace oír, suave y materna, como diciendo: “Hijo mío, ven a degustar un poco lo que es el Cielo”.

La mejor medicina

Decepcionado, pero no desanimado con el fracaso de la conversación, José empezó a ir todos los días a la capilla de la aldea para pedirle a Jesús Sacramentado una solución que ablandara el corazón de su tío

COMUNICADO DE ESCLARECIMENTO DE LOS HERALDOS DEL EVANGELIO

COMUNICADO DE ESCLARECIMENTO DE LOS HERALDOS DEL EVANGELIO

Y con una vara, le golpeó…

En uno de los monasterios que Benito había construido en los alrededores, había un monje que durante la oración no podía quedarse en su lu-gar, sino que en cuanto los hermanos se inclinaban para entregarse a la oración, él salía afuera, y con la mente distraída se entretenía en cosas terrenas e intrascendentes.

Jesús, Verdad y división

Salió el sembrador a sembrar su semilla” (Lc 8, 5). El campo somos nosotros, esos corazones donde la mano de Dios echa amorosamente la semilla de la gracia, con la esperanza de ver en ellos fructificar la virtud en abundancia de buenas obras.

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