La Iglesia Católica y su aportación a la Ciencia y la Cultura

Ayer comentaba la ignorancia o deliberado error en la nueva Asignatura para la Educación de la Ciudadanía al ocultar, o pretendidamente silenciar, que la Iglesia (más adelante me centraré en el caso Galileo) creó y desarrolló en Europa el sistema de Universidades, llegando a alcanzar en esos centros de enseñanza debates intelectuales hasta extremos que causarían asombro, libres, sin cortapisas, exaltando la razón humana y sus capacidades, el compromiso con un debate racional y riguroso y el impulso de la investigación intelectual y el intercambio académico. Lo que propició la gran revolución científica que habría de operarse en la civilización occidental. Muchos de los pioneros investigadores y científicos eran a la sazón sacerdotes.

¿En qué materia significativa para el progreso de la civilización, a lo largo de la Edad Media no intervino la Iglesia?.

.-Recuperación y transmisión de los textos clásicos de la antigua Grecia y Roma. Labor providencial tras el incendio y destrucción de la Biblioteca de Alejandría, la mayor y más completa de la Alta Edad Media, por las hordas musulmanas.

.-Invención de la letra minúscula carolingia, instrumento clave para la alfabetización y su extensión por todo el territorio europeo.

.-Desarrollo de las técnicas de agricultura y regadío, principalmente a cargo de los monasterios benedictinos, transformando extensas zonas en tierras cultivables y paliando el hambre de muchas familias en épocas de precariedad laboral, ayuda en periodos de escasez material y recurso en situaciones de fuerte convulsión social. (Numerosas personas encontraron trabajo y amparo social en los monasterios, bajo diversas formas de empleo seglar, posibilidades cercenadas en el siglo XIX por la ceguera, la ignorancia y odio de las leyes desamortizadoras)

.-También los monjes fueron pioneros en la práctica de cruces de ganado, a fin de mejorar las especies, lo cual también contribuyó a la mejora de las cabañas rurales con su indudable beneficio social.

.-Desarrollo de las técnicas metalúrgicas, con su repercusión en la fabricación de mejores instrumentos y artilugios, y su incidencia en la construcción de catedrales y toda clase de edificios.

.-Numerosos monasterios destacaron por su avanzada farmacopea (aún sorprenden boticas como la del de Santo Domingo de Silos), impulsando la alquimia y los productos medicinales precursores de las químicas modernas. No digamos sobre la aportación especializadísima en el campo de la botánica y el conocimiento de las especies herbáceas, plantas medicinales, imprescindibles para el actual conocimiento de la Medicina moderna.

.-Reconocida es la aportación de monjes y clérigos en materia de geografía y cartografía (recordemos el episodio de Cristóbal Colón con los monjes de La Rábida, y su incondicional apoyo), también en otros campos científicos como la física, la meteorología, sismología y, por supuesto, la astronomía.

.-Todo el mundo cristiano está repleto de obras de arte de todo tipo: pintura, escultura, arquitectura, orfebrería.., no solamente impulsadas y amparadas por la Iglesia, principal mecenas de talla mundial, sino también, ejecutadas por monjes y clérigos, desde la temprana época de los códices miniados.

.-La viticultura desarrollada en los monasterios fue esencial para el comercio medieval. No sólo fomentaron y enriquecieron las antiguas técnicas de cultivo, sino que, además, mejoraron las correspondientes a la crianza del vino en sus exquisitas bodegas monacales (puede recomendarse el célebre valdevegón del monasterio burgalés de San Pedro de Cardeña).

En este apartado, cabe relatar un curioso episodio de esta tecnología vitivinícola, que recoge D. Pablo Arribas Briones en su libro Pícaros y picaresca en el camino de Santiago. Pues érase que el joven Dom Perignon, en el célebre monasterio de la Champagne francesa, origen de los magníficos espumosos de esa denominación, había observado que los peregrinos que regresaban de España, tapaban sus calabazas no con el tapón de madera habitual y único conocido, sino con otros de un material ignorado en Europa: el corcho. Así que, ni corto ni perezoso, probó a aplicarlo a las botellas de vino espumoso que se consumían en el monasterio y que jamás pensaron en que salieran de allí al ser incapaces los tapones de madera mantener dicho vino en su punto gaseoso, por más de unos días. Y al observar que con los de corcho sí se mantenía, casi eternamente, al fin aquél espumoso que no lograba traspasar los muros de la abadía, pudo hacerse mundialmente célebre con el nombre de Champagne.

.-Finalmente, por finalizar, medianamente este resumen sobre la aportación de la Iglesia en todos los campos de la civilización occidental, cómo no citar la Escuela de Salamanca con el dominico Francisco de Vitoria a su cabeza, origen del Derecho Internacional. Obligado citar a Nicolás de Oresme, precursor de la moderna ciencia económica.

Y no podemos olvidar la difícil tarea de enseñar el idioma vocal a los sordomudos. El primero de ellos fue el benedictino Pedro Ponce de León, nacido en el pueblo leonés de Sahagún a principios del siglo XVI. Ponce de León consiguió enseñar a hablar y a leer a varios sordos del monasterio de Oña. Fray Pedro inventó un alfabeto manual que permitía a los sordomudos deletrear los sonidos con los dedos.

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